El día de la mujer se remonta a finales del siglo XIX, principios de XX. Como casi todo en la historia de las mujeres, hay demasiados claroscuros y diversas versiones sobre sus inicios, obviando el complejo y rico escenario de unos años convulsos marcados por la I Guerra Mundial, la Revolución Rusa , las primeras sufragistas y el creciente auge del sindicalismo (incluido el feminista).

El primer día de la mujer, con ese nombre, tuvo lugar el 3 de mayo de 1908 cuando las mujeres del Partido Socialista Norteamericano organizaron unas jornadas de “reflexión y acción” bajo el nombre “Woman´s day”.Dos años más tarde, en 1910 en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas y a propuesta de Clara Zetkin se establece el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, que se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911. Y aunque tradicionalmente se achaca la fecha a un incendio en una fábrica textil norteamericana en el que 140 mujeres murieron, lo cierto es que este ocurrió el 25 de marzo de 1911. Fue el 8 de marzo de 1917 cuando las mujeres rusas se organizaron y amotinaron debido a la gran escasez de alimentos, acontecimientos que marcaron el inicio de la Revolución Rusa. Por la relevancia del hecho en sí y sobre todo porque fueron mujeres quienes lo llevaron a cabo es lo que llevó a la ONU, en 1975, a instaurar definitivamente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, cambiándole, dos años después, el nombre a Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz mundial.

En cualquier caso, fueron millones de mujeres valientes y organizadas las que dieron los primeros pasos para establecer un día en el que su voz se escuchara por encima de la voz masculina imperante. Un día señaladamente reivindicativo y siempre atacado, cuestionándolo desde esa vara de medir androcéntrica que marca el valor de las cosas. ¿Por qué un día de la mujer trabajadora… y las que no trabajan? ¿Por qué un día de la mujer… y el de los hombres? Son más de cien años explicando a oídos sordos que AÚN no se ha conseguido la igualdad laboral real, para ganar lo mismo las mujeres necesitamos trabajar 79 días más al año, (nos faltan días al año y horas al día para completar la doble jornada, trabajo y casa), ascendemos en nuestra carrera profesional en menor proporción que nuestros compañeros masculinos, se nos despide antes y cuestiona nuestra valía o dedicación al ser madres (nunca se cuestiona la paternidad) Más de cien años explicando a oídos sordos que aún no tenemos una verdadera independencia económica pero sí un menor acceso a créditos financieros que hacen más cuesta arriba el trabajo de las autónomas. Más de cien años explicando a oídos sordos que queremos una verdadera y equitativa representación en la vida política y social. Más de cien años explicando a oídos sordos que tenemos el derecho de elegir libremente sobre nuestra sexualidad y planificación reproductiva. Más de cien años explicando a oídos sordos que cuando nos acosan por la calle o en el trabajo, que cuando nos violan somos nosotras las víctimas y no tenemos que justificar nuestro comportamiento o indumentaria. Más de cien años explicando a oídos sordos que ninguna mujer nace con vocación de puta, como ninguna persona nace con vocación de ser esclava. Más de cien años explicando a oídos sordos que ninguna mujer nace para ser el consuelo del “guerrero”, la sombra del “gran hombre”, el saco de desahogo… Más de cien años explicando a oídos sordos que no tenemos la costumbre de morir a manos de nuestras parejas o exparejas, que nos ASESINAN. No morimos nosotras, ellos nos asesinan y la sociedad busca sus justificaciones: celos, amor excesivo, depresión…

Esa vara de medir androcéntrica que marca el valor de las cosas, nos marca hasta donde está permitido alzar la voz para no convertirnos en una feminista extremada. Nos cuestiona año tras año un día internacional, naturalmente reivindicativo, como no se cuestiona ningún otro día internacional y nos lleva a creer que es un día festivo en el que se nos felicita como jamás felicitaríamos a las personas trabajadoras el 1 de mayo ni pediríamos que dejaran a un lado a las desempleadas y vemos lógico y normal que se reivindiquen mejoras laborales y se recuerden las víctimas y fallecimientos por accidentes laborales.  ¿Se imaginan que el 1 de mayo se les regalara a las personas trabajadoras una herramienta…? Pero se ve normal que a las mujeres se nos regale flores perpetuando el estereotipo de que las mujeres somos “delicadas y sensibles”. ¿Se imaginan que el 1 de mayo se dedicara a celebrar que ya no hay “tanta” esclavitud…? Eso se nos pide a nosotras, que nos dediquemos a celebrar que “nos han hecho una cocina más grande”

En 2013 la ONU estableció para el día de la mujer el lema: “Una promesa es una promesa: Acabemos con la violencia contra la mujer” y no debería haberlo cambiado hasta que esa promesa sea una realidad. Desde 2003 a 2015 han sido 826 las mujeres asesinadas en España por sus parejas o exparejas (únicos feminicidios computados de forma oficial), 169 en Andalucía, 26 en Granada provincia. En 2016 ya vamos por 11 más cinco “en estudio”. Acceder a datos estadísticos claros y concisos sobre violencia de género es casi una misión imposible, pero desde el Boletín estadístico mensual del Ministerio del Interior, podemos saber que a 31 de diciembre de 2015 en España había 51.998 mujeres con algún tipo de orden de alejamiento de sus parejas o exparejas, 100 de ellas declaradas de riesgo extremo (100 asesinos en potencia extrema). 51.998 “casos activos” para los cuerpos y fuerzas de seguridad de nuestro país que en total atendió a unas  371.163 víctimas de violencia de género según la legislación vigente.

Nadie conmemora un día importante sin recordar a los seres queridos que ya no están, a nosotras se nos pide que como mucho pasemos de puntillas (no se despierte el monstruo), se nos pide que no recordemos a nuestras víctimas y mucho menos pronunciemos sus nombres, se nos convierte en cómplices de esa violencia que genera la negación y el olvido. Lo que no se nombra no existe. Se nos pide que celebremos y aceptemos que ya llegarán días mejores, pero lo cierto y lo que nadie puede negar es que este 8 de marzo en Baza NOS FALTA UNA. Ramona Muñoz.


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